Momoka provoca a Nono hasta que él explota de deseo
El olor a sudor de oficina aún le pega a la piel cuando ella entra en la habitación, moviéndose con esa lentitud calculada que siempre lo vuelve loco. Momoka sabe perfectamente lo que hace: el vestido ajustado que apenas tapa su culo redondo, el modo en que se inclina para recoger algo, dejando ver el encaje negro que apenas cubre su coño mojado. Nono la mira fijamente, tragando saliva, mientras ella se desabrocha el primer botón de la blusa con deliberada lentitud. '¿Te gusta lo que ves?', susurra, rozándole el brazo al pasar. Él la agarra de la cintura de golpe, tirándola sobre la cama, y le arranca las bragas de un tirón. Ella se ríe, pero el sonido se corta cuando él le mete dos dedos de golpe, sintiendo cómo su coño se aprieta alrededor. 'Puta, ¿cuánto tiempo llevas así de mojada?', gruñe, chupando sus pezones duros antes de bajar a lamerle el clítoris hinchado. Momoka arquea la espalda, gimiendo, mientras él le abre las piernas más, hundiendo la lengua en su raja caliente. 'Más, más fuerte', exige, agarrándole el pelo. Él obedece, chupando y mordiendo hasta que ella grita, corriéndose en su boca. Pero no es suficiente: la gira boca abajo, le levanta el culo y le clava la polla de una estocada, sintiendo cómo su verga entra hasta las pelotas. Ella grita, empujando hacia atrás para recibirlo más adentro, mientras él le azota las nalgas rojas. '¿Así te gusta, perra?', gruñe, embistiendo más rápido. 'Sí, así, más duro', jadea ella, y él la empotra contra el colchón, follándola como un animal hasta que le llena el coño de leche caliente. 'Te lo advertí', dice él, limpiándose la boca, mientras ella sonríe, satisfecha pero ya planeando la próxima provocación.