Alemana de culo perfecto se deja empotrar en el asiento trasero
Te voy a contar cómo fue mi día de San Valentín, pero nada de flores ni chocolates: me subí al auto de Rafael Morel y lo dejé tomar el control desde el primer segundo. ¿Te gustaría estar en su lugar? Imagínate: mis piernas abiertas, el asiento de cuero frío contra mi culo mientras él me agarraba las caderas y me clavaba la verga hasta que los vidrios empañados no dejaban ver nada afuera. No pedí permiso, solo gemí cuando me penetró de una estocada, con esa polla dura que me hacía chocar contra el volante. Rafael no era suave, te lo juro: cada embestida era un castigo, cada gruñido suyo me hacía apretar más el coño alrededor de su piroca. Me encantaba cómo me humillaba, cómo me obligaba a chuparle los dedos después de que me corrió en la boca. Pero lo mejor fue cuando me hizo arrodillarme en el asiento y me folló en perrito, con el culo al aire y los muslos temblando. Rafael no se conformó: me dio la vuelta, me sentó sobre su verga y me hizo cabalgar hasta que el auto entero olía a sexo. Cuando terminó, su leche me cubrió el vientre y él solo sonrió, satisfecho de haberme usado como una puta obediente.