Penelope Kay y dos putas la empotran en una oficina
El olor a perfume caro y el sonido de tacones resonando en el pasillo anunciaban que algo peligroso estaba por pasar. Penelope Kay, con sus tetas enormes balanceándose bajo la blusa ajustada, había sido pillada contrabandeando algo y ahora tenía que negociar con Bella Rolland y Cherie Deville, dos agentes que no dudaron en hacerle pagar con su cuerpo. La tensión se cortaba con cuchillo mientras las tres se encerraron en un cuarto oscuro, sabiendo que cualquier ruido podría alertar a los guardias fuera. Bella, con sus dedos largos, empezó a desabotonar la blusa de Penelope, dejando al descubierto sus pezones duros y rosados, mientras Cherie se arrodilló para chuparle el coño húmedo, gimiendo cada vez que su lengua encontraba el clítoris hinchado. Los gemidos de Penelope, ahogados contra su propia mano, se mezclaban con los sonidos de saliva y carne golpeando carne mientras las tres se movían al ritmo de sus deseos. En más de 15 minutos de escena, las putas no pararon: Penelope se sentó sobre la cara de Cherie, ahogándola con sus muslos, mientras Bella le metía los dedos hasta hacerle temblar las piernas. El riesgo de ser descubiertas las hacía follar con más fuerza, con más urgencia, como si cada minuto pudiera ser el último. Cuando Penelope se corrió, su jugo caliente salpicó la mejilla de Cherie, y Bella, sin perder tiempo, le clavó la lengua en el culo mientras le mordía los labios. La oficina quedó en silencio después, solo roto por el rumor de unos zapatos en el pasillo y el brillo de una mancha blanca en la alfombra.