Madrastra evangélica se entrega al pastor sin que el cornudo note
La iglesia está casi vacía, el aire huele a incienso barato y el eco del órgano suena lejano cuando te das cuenta de que ella te ha arrastrado hasta la sacristía, donde el pastor la espera con la polla dura como una piedra, lista para empotrarla contra el confesionario mientras el cornudo de su esposo recita salmos en el altar. La madrastra Xerecuda gime ahogando los gritos con la mano, pero igual se le escapa ese sonido de puta mojada que tanto te pone cuando le levantas el vestido de la ceremonia y le bajas las bragas para que el pastor le meta los dedos primero, después la lengua, hasta que ella misma te suplica “metetela toda, quiero sentirla hasta las pelotas dentro” mientras se agarra de los hombros del hombre que la domina, obligándola a arrodillarse y chupársela bien mojada antes de que él la tire sobre el banco de la iglesia y la empotre de espaldas, haciéndole gemir cada vez que le agarra las nalgas y le abre el culo para ir más hondo, más rápido, hasta que ella no puede evitar correrse gritando “¡Sííí, asííí!” justo cuando el puto esposo abre la puerta, pero para entonces ya es tarde: el pastor le está llenando el coño con su leche espesa y ella te mira con ojos vidriosos, mordiéndose el labio mientras murmura “¿Ves lo buena puta que soy para él, hijastro?”.