La zorra se clava un monstruoso dildo hasta reventarse el culo
La muy puta se quedó sola en casa, con el corazón acelerado cada vez que escuchaba un ruido fuera, imaginando que su marido podía volver en cualquier momento. Se puso unos tacones altos y un conjunto de lingerie que apenas cubría sus curvas, sintiendo el cuero ajustado contra su piel sudorosa. Con manos temblorosas, sacó el dildo más grande que tenía, grueso y largo, reluciente de lubricante, y se lo llevó a la boca primero, chupándolo como si fuera una polla, gimiendo bajito para no alertar a nadie. Luego se lo pasó por el coño mojado, sintiendo cómo se abría con cada roce, antes de llevarlo al culo, donde empezó a empujarlo despacio, conteniendo los gritos mientras el juguete se hundía entre sus nalgas. Cada vez que escuchaba un portazo en la calle, se paralizaba, mordiéndose el labio para no hacer ruido, pero no podía parar, no quería parar. El dildo entraba y salía de su culo con un sonido obsceno, sus muslos temblando, el sudor corriéndole por la espalda mientras se follaba a sí misma sin piedad. En más de 13 minutos de escena, la muy guarra se corrió una y otra vez, sintiendo cómo el juguete le rozaba puntos que la hacían retorcerse de placer. Al final, con el dildo aún enterrado hasta las pelotas en su culo, susurró: "Ojalá me vieras así, putita, empalada hasta reventar."