Perseydiana se pone caliente con su polla entre las tetas
Esa tarde en el cuarto de Persey, el aire olía a aceite de coco y a lujuria. Te voy a contar cómo empezó todo: ella se paseaba en ropa interior, rozando su culo redondo contra mi polla cada vez que pasaba, sabiendo exactamente lo que provocaba. Sus bragas apenas cubrían ese coño mojado, y cuando se agachó para recoger algo, el aceite brilló en sus curvas, marcando cada pliegue de su piel. No resistí más y la empujé contra la cama, arrancándole las bragas de un tirón. Sus gemidos resonaron en la habitación cuando me hundí en su coño apretado, sintiendo cómo sus paredes se ajustaban a cada centímetro de mi verga. La monté como una puta en celo, pero esta vez era yo quien perdía el control, empotrándola con fuerza mientras sus tetas rebotaban contra mi pecho. En más de 12 minutos de escena, la hice correrse tres veces, pero lo que más me excitó fue ver cómo me miraba, desafiándome a seguir. Al final, cuando me corrí dentro de ella, solo pensaba en lo bien que se sentía tenerla así, sometida y dispuesta a todo.