Lana Smalls y su padrastro: un acuerdo que terminó en follada
El sonido de la puerta cerrándose de golpe me hizo saltar, pero no fue el ruido lo que me excitó, sino el olor a sudor y lujuria que flotaba en el aire cuando Peter Fitzwell me acorraló contra la pared. Te voy a contar cómo empezó todo: yo, con mi short ajustado rozando su polla cada vez que pasaba por su lado, enviándole fotos de mis tetas rebotando en el espejo, hasta que ya no pudo aguantar más. ¿Te gustaría estar en su lugar? Imagínate mis labios chupando su verga con ganas, mi lengua recorriendo cada vena, mientras él gruñía y me agarraba del pelo para empujarme más adentro. No te voy a mentir, me encantaba provocarlo, ver cómo se le ponía dura cada vez que me agachaba a recoger algo cerca de él. Hasta que un día, sin avisar, me levantó el vestido y me empotró contra el sofá, su polla entrando de una estocada hasta que mis gemidos llenaron la casa. No paró hasta que me corrí en su cara, y ahora, cada vez que me mira, sé que está pensando en lo mismo que yo: que esto no ha terminado.