Japonesita sumisa obedece mis órdenes con su chocho al aire
Acababa de desnudarla cuando ya me tenía la polla entre los labios, sus manos atadas atrás mientras gemía pidiendo permiso para chupar más fuerte. La hice arrodillarse frente al espejo para que viera cómo le empotraba las tetas falsas contra la pared, rebotando el culo con cada embestida hasta que el espejo se empañó de sus gritos. Le ordené que se inclinara en cuatro patas y le abrí la boca mientras le metía los dedos en la garganta, obligándola a tragar mis babas como una perra bien entrenada. Su coño estaba tan mojado que al sacarle la polla hizo un sonido de chupete, los fluidos cayendo hasta sus rodillas mientras la ponía de espaldas y le abría las piernas hasta que crujieron. En más de 10 minutos la hice venir tres veces, contando cada espasmo de su chocho alrededor de mi verga antes de correrme sobre su cara, ordenándole que no se limpiara hasta que yo se lo permitiera. La próxima vez la dejaré con ganas, atada a la cama mientras yo me corro en otra puta diferente justo delante de ella.