La sacerdotisa caída apuesta a que no la aguanta chupando
Valeria se inclina con una sonrisa desafiante, los labios brillantes de saliva, y lo mira fijamente mientras agarra la polla dura con la mano. Él acepta el reto: si ella puede chupársela entera sin atragantarse, gana. Pero Valeria no es de las que se rinden fácil, y en más de 61 minutos de escena, demuestra por qué. La lengua de ella recorre el tronco grueso con movimientos expertos, los labios sellados alrededor del glande, tragando hasta que las caderas de él chocan contra su cara. Los gemidos ahogados vibran en su garganta mientras la saliva escurre por su barbilla, pero ella no se detiene. Él la agarra del pelo, empujando más profundo, y Valeria lo mira con los ojos llorosos, retándolo a ir más fuerte. Las venas de la polla palpitantes se clavan en su garganta, y ella gime alrededor del miembro, el sonido húmedo y obsceno. La apuesta se vuelve personal cuando él la gira y la obliga a arrodillarse, follándole la boca con embestidas cortas y brutales. Valeria jadea entre tragos, la saliva mezclándose con su maquillaje corrido, pero sigue chupando con furia, como si quisiera probar que él no puede con ella. Él gruñe, los músculos tensos, y al final, cuando la polla se hincha y se corre en su boca, Valeria traga todo sin perder la sonrisa. Él se queda mirándola, sudoroso y sin aliento, sabiendo que perdió la apuesta.