Puta roja de teta pequeña se traga el chorro del vecino celoso
Sientes el olor a sudor y perfume barato que desprende su piel cuando te arrima contra la pared, los tacones de aguja clavándose en tus zapatos mientras Cathrine te muerde el labio inferior con saña, como si cada movimiento fuera un castigo por algo que no entiendes. Su coño pelado brilla bajo la luz del pasillo, mojado antes de que siquiera empieces a acariciarle los muslos flacos, y notas cómo tiembla cuando pasas los dedos por el elástico de su tanga negro, que ya tiene una mancha oscura del líquido que le chorrea. Te la metes en la boca de una sola vez, sintiendo cómo la garganta se te quema con cada centímetro que le empujas hasta las pelotas, y ella gruñe como una perra en celo mientras te agarra la nuca para que no te salgas, mordisqueándote los labios cada vez que te ahogas con su saliva. La volteas de espaldas en el sofá, empotrándola contra el cojín mientras le separas las nalgas blancas para hundirle la polla hasta que grita, y el sonido de las caderas chocando contra su culo flaco retumba en el apartamento vacío. Te corres dentro de ella después de más de 10 minutos de estar embistiéndola, sintiendo cómo el esperma le rebalsa y le gotea por los muslos cuando la sacas, pero Cathrine ni se inmuta: se limpia la boca con el dorso de la mano y sonríe, sabiendo que hoy te robó algo que no era tuyo. El tanga roto queda tirado en el piso, hecho trizas junto a sus tacones, como prueba de que la venganza sabe mejor cuando se sirve caliente.