Mai Shiranui recibe una entrega de pizza que nunca olvidará
El calor de la tarde pega en los cristales de la ventana mientras la pizza humea sobre la mesa, pero nadie piensa en comer. La tienes arrinconada contra la pared, su traje de lucha rasgado dejándote ver esos muslos firmes y ese coño ya brillando de lo mojada que está. Ella se muerde el labio, fingiendo resistencia, pero sabes que esto es una venganza en caliente. Le susurras al oído que ahora vas a darte el gusto que él nunca pudo, y eso la hace gemir más fuerte. Sientes cómo su culo apretado te recibe hasta las pelotas cuando la empotras contra el sofá, sus tetas rebotando con cada embestida. Le agarras el pelo para obligarla a mirarte mientras te la chupa, sus ojos llenos de rabia y lujuria al mismo tiempo. Cuando te corres sobre su cara, la leche resbala por sus mejillas, mezclándose con sus lágrimas de frustración. Al terminar, solo quedan los restos del uniforme tirados en el suelo, manchados de tu semen y su excitación.