Jane domina a Mark empotrándolo con un dildo gigante
La casa estaba en silencio, pero el corazón de Mark latía como un tambor mientras Jane lo arrastraba hacia el dormitorio con una sonrisa de depredadora. Ella ya tenía el arnés puesto, el dildo reluciente de lubricante, y sus ojos brillaban con la anticipación de lo que iba a hacerle. Mark, con el culo al aire y las piernas temblorosas, no podía creer que su esposa lo hubiera convertido en su juguete personal. Cada empujón de Jane lo hacía gemir más fuerte, pero tenían que callarse: en cualquier momento, el vecino podía pasar por el pasillo o la empleada podría entrar sin avisar. El sonido de la carne chocando contra carne era húmedo y obsceno, y Mark no podía evitar arquearse cada vez que el dildo entraba hasta las pelotas. Jane lo agarraba del pelo, tirando hacia atrás mientras lo penetraba con fuerza, disfrutando de cómo su culo se abría para ella. Los gemidos de Mark se ahogaban en la almohada, pero Jane no tenía piedad: quería que sintiera cada centímetro de ese juguete enorme. Cuando por fin se corrió, Mark quedó temblando, con el culo abierto y el cuerpo cubierto de sudor. Jane se quitó el arnés y le susurró al oído: 'La próxima vez, te ataré para que no puedas escapar.'