Tres cuerpos sudados follando en un cuarto de hotel
Esa tarde en Barcelona, el corazón me latía más rápido de lo normal mientras escuchaba los pasos de Leo Santos acercarse a la habitación del hotel. Sabía que Paul Williams ya estaba esperándome, con su polla enorme lista para mí, pero el riesgo de que alguien nos escuchara me ponía más caliente que nunca. Me quité la ropa sin hacer ruido, dejando que el aire frío rozara mis pezones duros mientras me arrodillaba frente a Paul, chupando su verga gruesa hasta que gemía en voz baja. Leo entró sin avisar, y al verme así, su mirada se encendió de lujuria. Me empotraron contra la pared, con Paul metiéndome su polla hasta las pelotas mientras Leo me mordía el cuello, ahogando mis gritos con su mano. Mi coño chorreaba, mojado por el miedo y el placer, y cada embestida me hacía temblar. En más de 10 minutos de escena, me montaron en todas las posiciones posibles, desde el perrito hasta la vaquera invertida, con sus pollas entrando y saliendo de mí sin piedad. Los gemidos de Paul y Leo se mezclaban con los míos, y el sonido de sus caderas chocando contra mi culo resonaba en la habitación. Sabía que en cualquier momento alguien podía llamar a la puerta, pero no podía parar. La polla de Leo me llenaba por completo, y cuando Paul me penetró por detrás, sentí que iba a explotar. El sudor corría por mi espalda, y mis tetas rebotaban con cada movimiento. No aguanté más y me corrí, apretando sus vergas con mi coño mientras ellos también se vaciaban dentro de mí. El calor de su leche me quemaba, y el riesgo de ser descubiertos solo aumentaba mi placer. Justo cuando Leo me mordía el labio inferior, escuché un ruido en el pasillo...