PiercedPecker me hizo temblar de placer en san valentín
Su aliento cálido rozaba mi nuca mientras sus dedos gruesos se enredaban en mi pelo, tirando con justeza para que girara a mirarlo: esos ojos oscuros, esa barba espesa, y esa verga dura que ya no podía contener. Llevaba días provocándome con roces casuales, miradas cargadas, susurros que me encendían de pies a cabeza. Pero hoy no habría escapatoria. Sin decir palabra, me empujó contra el espejo y sentí su polla enorme, caliente, presionando mi culo desde atrás. Los gemidos brotaron solitos cuando me abrió de piernas, clavando sus dedos en mis muslos para levantarme y empalarse de una estocada hasta que mis gritos rompieron el silencio. PiercedPecker me sostenía como si fuera su juguete personal, entrando y saliendo con embestidas profundas, sus pelotas peludas golpeando mi clítoris mojado. Cada vez que se encajaba hasta las pelotas, mi coño palpaba su verga tatuada, la joya metálica rozando mis paredes como un latigazo. No aguanté más y me corrí con un espasmo que lo hizo gruñir, sus dedos apretando mis tetas mientras se vaciaba dentro de mí. Cuando nos separamos, su semen goteaba por mis muslos y su calva brillaba de sudor, pero fue el calcetín de él torcido en el suelo lo que me hizo sonreír.