MrSucker y Swallowdasy apuestan a ver quién aguanta más
El olor a sudor y lencería barata me pegaba a la piel mientras me retorcía en la cama, desafiando a Swallowdasy a ver si podía manejar mi ritmo. Sabía que MrSucker, con esa polla dura como roca, no se iba a quedar atrás, pero esta vez la apuesta era mía: quien se corriera primero perdía. Empecé chupándole los labios, mordiéndolos hasta que gimió, mientras mis manos bajaban a su culo prieto, apretando hasta que gruñó. Él respondió metiendo los dedos en mi coño mojado, frotando justo donde más lo necesitaba, pero no iba a ceder tan fácil. Me monté encima, hundiendo su verga hasta que las caderas chocaron, sintiendo cada centímetro de su carne dentro de mí. Los gemidos de Swallowdasy se mezclaban con los míos, pero yo no iba a ser la primera en romper el juego. Aceleré el ritmo, moviendo las caderas en círculos, apretando los músculos para que lo sintiera entero, hasta que sus uñas se clavaron en mi espalda. El sudor nos pegaba la ropa al cuerpo, y el sonido de nuestra piel golpeándose llenaba el cuarto. Justo cuando creí que iba a ganar, él me dio la vuelta, empotrándome contra el colchón con embestidas profundas, una tras otra, hasta que mi voz se quebró en un grito. Me corrí primero, pero con una sonrisa, porque al menos lo hice gritar mi nombre. La mancha húmeda en las sábanas era la prueba de que nadie había salido perdiendo.