Ross Shop se excita con su calzón azul y se masturba con su dildo
Eran las cinco de la tarde cuando Ross Shop entró a su habitación después de un largo día de trabajo, pero algo en el aire olía a diversión prohibida. Desde la mañana, había estado mandando fotos provocativas a su amiga, rozando su cuerpo contra la cámara con ese calzón azul que sabía que enloquecería a cualquiera, especialmente cuando lo movía de esa manera. La tela ajustada marcaba cada curva de su trasero, dejando poco a la imaginación, y los mensajes que intercambiaban eran cada vez más picantes, casi una tortura. Al llegar a casa, el calor le quemaba entre las piernas, así que no aguantó más y se dejó caer en la cama, arrancando el calzón con desesperación. Sus dedos se deslizaron entre los labios mojados de su coño, sintiendo cómo el placer la recorría de arriba abajo, pero eso no era suficiente. Agarró su dildo favorito, grueso y largo, y lo presionó contra su entrada, gimiendo al sentir cómo la llenaba de una sola embestida. Sus caderas se movían al ritmo de las penetraciones, cada vez más rápidas, más profundas, hasta que el orgasmo la hizo arquear la espalda y gritar de placer. La próxima vez, no se conformará con solo masturbarse, su amiga tendrá que responder a todo lo que le ha provocado.