Madrastha latina se corre en la boca y el culo del padrastro
—No te escuché llegar— susurró la madrastra mientras se lamía los labios al verlo entrar en su habitación. La tetona rubia de curvas peligrosas, vestida solo con un tanga transparente, se había puesto de rodillas para recibirlo. Sus tetas colgaban pesadas, los pezones duros como diamantes, mientras agarraba con ambas manos la polla dura del hijastro. El riesgo era enorme: el marido podía volver en cualquier momento. Cada gemido ahogado de ella, cada chupada más intensa, tensaban más el ambiente. Cuando la madrastra se dio la vuelta, mostrando ese culo redondo y ese coño depilado apenas cubierto, no pudo resistirse a enrojecerle la nalga de una nalgada. La empotró contra la cama, sintiendo cómo su polla entraba entera de golpe en ese coño mojado, escuchar sus gemidos ahogados entre las sábanas mientras se agarraban las tetas. Las embestidas eran rápidas, brutales, con el ruido de la carne chocando contra carne. Ella mordía el edredón para no gritar, pero cuando él le tomó del pelo y le levantó la cabeza, supo que quería disparar todo en su cara. —Ábrela— le ordenó, y ella obedeció, oliendo su aliento caliente. Un chorro grueso le impactó en la mejilla, otro en los labios, otro más en el pelo. Pero no terminado: la volteó, le abrió el culo y descargó el resto hasta que sintió sus piernas temblar. El peligro de ser descubiertos los había mantenido febriles, y ahora el semen goteaba entre sus piernas. —Joder— susurró ella, pasándose la lengua por los labios, pero antes de que pudiera decir más...