Sofi Adams se deja empotrar el culo con la polla de Don Sudan
La habitación olía a sudor y perfume barato, las cortinas medio corridas dejaban entrar rayos de sol que iluminaban el cuerpo sudado de Sofi Adams mientras se retorcía en la cama. Yo llevaba horas provocándolo, enviándole fotos de mi culo en tanga, rozándome contra su polla cada vez que pasaba por su lado, sabiendo que no aguantaría mucho más. Cuando por fin me agarró de las caderas y me empotró contra la pared, sentí cómo su verga gruesa me abría el culo de una estocada, haciendo que mis gemidos resonaran en toda la habitación. Me encantaba cómo me llenaba, cómo cada embestida me hacía apretar los muslos y arquear la espalda, buscando más fricción. Don Sudan no se apiadaba, me agarraba del pelo y me obligaba a mirarlo mientras me follaba, sus ojos clavados en los míos mientras su polla entraba y salía de mi culo mojado. Yo no podía parar de gemir, de pedirle que me diera más fuerte, que no se detuviera, que me rompiera el culo de una vez. Cuando por fin se corrió dentro de mí, sentí su leche caliente llenándome hasta las pelotas, y supe que al día siguiente no podría sentarme sin recordar cada segundo de esa follada. Don Sudan se dejó caer en la cama, exhausto pero con una sonrisa satisfecha, mientras yo me limpiaba el sudor de la frente y pensaba en cuándo volvería a provocarlo así.