Virgo Peridot se entrega a la polla negra de Rome Major
Rome Major la mira con esa sonrisa de quien sabe que va a romperla en minutos. Ella, la rubia de curvas perfectas, se muerde el labio al ver el tamaño de su verga oscura y gruesa, pero no puede negarse cuando él le ordena arrodillarse. Con las manos temblorosas, Virgo Peridot empieza a chupar esa polla enorme, sintiendo cómo le llena la boca hasta las amígdalas. Él le agarra el pelo con fuerza y la obliga a tragar cada centímetro, gruñendo cuando ella se atraganta con su grosor. Después de humillarla con su boca, Rome la empuja contra la cama y le abre las piernas de un tirón, metiendo los dedos en su coño mojado antes de clavársela de una estocada. Ella grita al sentir cómo la estira por completo, pero él no para, embistiéndola con fuerza mientras le exige que le diga qué tan bien se siente. Virgo Peridot solo puede gemir y rogar que no se detenga, sintiendo cómo cada embestida la acerca al orgasmo. Cuando él le ordena que se corra, ella explota en un clímax violento, pero Rome no ha terminado: se saca y le llena el rostro con su leche espesa, dejándola marcada. Ella respira agitada, con el semen goteando por su barbilla, mientras él se limpia la polla con una sonrisa satisfecha.