Llamasr se deja crecer el vello y se arriesga a ser pillada en su juego sucio
Es de noche en el cuarto de Llamasr, con la puerta entreabierta y el sonido de la televisión de fondo en el pasillo. Ella se mira al espejo, pasando los dedos por su vello púbico ya más largo, sintiendo cómo le roza los muslos al moverse. La idea de que alguien pueda entrar la excita más, así que se quita la ropa y se recuesta en la cama, separando las piernas para que el aire le refresque el coño ya mojado. Con una mano, se frota el clítoris mientras con la otra agarra un vibrador, imaginando que es la polla de algún desconocido que podría aparecer en cualquier momento. Los gemidos los ahoga con la almohada, pero no puede evitar que un quejido agudo escape cuando el juguete vibra contra su punto G. De pronto, escucha pasos en el pasillo y se queda quieta, conteniendo la respiración. El corazón le late tan fuerte que cree que la delatará, pero los pasos pasan de largo. Con la adrenalina a tope, se levanta y se arrodilla frente al espejo, metiéndose el vibrador hasta que las caderas chocan contra su mano. La imagen de su cuerpo sudoroso, con el coño brillando de excitación, la vuelve loca. Se corre con un gemido ahogado, pero justo cuando el placer la invade, escucha una puerta abrirse en el pasillo. Se queda helada, con el vibrador aún dentro, mientras el miedo y el morbo la paralizan.