Nuria Millan y sus amigas disfrutan un polvo arriesgado en la ducha
Eran las tres de la tarde cuando las escuché reírse en el pasillo, sus tacones resonando contra el suelo de baldosas. Sabía que no debían estar ahí, que en cualquier momento podía entrar alguien, pero no me importó. Las tres estaban mojadas, el agua resbalando por sus cuerpos, sus tetas grandes y firmes, sus culos redondos y perfectos. Rubi Vergara fue la primera en arrodillarse, chupándome la polla con esa boca experta mientras Chloe Funny se sentaba sobre mi cara, su coño caliente y húmedo contra mi lengua. Gemían bajito, tapándose la boca para que no las oyeran, pero cada vez que metía mis dedos en sus agujeros, no podían evitar soltar un gritito. Las empotré contra la pared, una tras otra, sintiendo cómo sus paredes internas se apretaban alrededor de mi verga. Nuria Millan se corrió primero, sus muslos temblando, su coño chorreando, pero no me detuve. Las follé hasta que sus piernas flaquearon, hasta que el vapor del agua nos envolvía y el riesgo de ser descubiertos nos ponía más calientes. Cuando terminamos, el espejo del baño estaba empañado y el suelo lleno de gotas de agua y algo más.