La hijastra lame el coño de su tía y luego a su mamá
La niñita llegaba del colegio con ese aire de inocencia que a la tía le ponía los pelos de punta, así que esa tarde no pudo resistirse cuando la vio pasar con esos shorts tan apretados que le marcaban el culo redondito. Se acercó por detrás, le levantó la falda y le pasó la lengua por toda la raja mojada mientras la pobrecilla gemía y se agarraba al sofá sin poder creer lo que le estaba pasando. La tía chupaba ese coñito depilado como si llevara años esperando el momento, metiendo la lengua bien hondo y jugando con el clítoris hasta dejarla temblando de placer. Pero no se quedó ahí, porque la mamá entró en la sala justo cuando la niñita ya estaba a punto de correrse, y al verla con la boca llena de miel y los muslos temblorosos, no pudo evitar soltar un gemido de envidia. Se le tiró encima, le arrancó la blusa y se puso a mordisquearle los pezones duros mientras la tía seguía lamiéndole el coño desde abajo, con la cara enterrada entre sus piernas. La hijastra gritaba de gusto, sintiendo cómo la humedad se le escurría por los muslos mientras ambas mujeres se turnaban para chupársela, lamerle el culo y meterle los dedos hasta que ya no pudo aguantar más y se vino con un gritito agudo, empapando la cara de la tía que no paraba de beberle los jugos. La mamá, con esos pechos pesados colgando, se subió encima de ella y se frotó contra su entrepierna hasta que ambas se corrieron juntas, jadeando y sudando como locas en medio del living. La tía no se quedó atrás, se bajó el vestido y se masajeó los pezones con los dedos mientras veía a la hijastra chuparle el coño a la mamá, que ya estaba gritando con los dedos enredados en su pelo. Entre gemidos y cuerpos entrelazados, las tres se revolcaron en el suelo, llenas de leche, sudor y jugos, hasta que al final quedaron tiradas, jadeantes, con los vestidos rotos y las piernas temblorosas de tanto placer. La niñita, aún con la cara empapada de miel, susurró que quería repetirlo todos los días, y las dos adultas, todavía con los pezones duros, no pudieron más que reírse mientras se daban cuenta de que esa era solo el principio de algo que las iba a volver locas para siempre.