La madrastra zorra me reta a llenarle el coño de leche
La casa estaba en silencio cuando me encontré con la mirada de Alexis Malone, mi madrastra, mientras se mordía el labio apoyada en la encimera de la cocina. Sabía que llevaba semanas provocándome, pero hoy no iba a dejar que se saliera con la suya. '¿Crees que puedes manejarme, Ricky?', me desafió mientras se acercaba, sus tetas grandes rebotando bajo el vestido ajustado. Le arranqué el tanga de un tirón y la empujé contra la pared, metiendo mi polla dura de una estocada hasta que sus muslos temblaron. 'Puta, grita mi nombre', le ordené mientras le agarraba el culo y la empotraba contra mí, sintiendo cómo su coño se apretaba alrededor de mi verga. Alexis gemía como una perra en celo, sus uñas marcándome la espalda mientras me rogaba que no parara. 'No te corras todavía, quiero sentir cómo me llenas', me susurró al oído, y eso solo me puso más caliente. La levanté y la senté en el borde de la mesa, abriéndole las piernas para ver cómo su coño brillaba de lo mojada que estaba. 'Mira lo que me haces', le dije mientras le metía los dedos, sintiendo cómo se retorcía de placer. 'Ahora te voy a dar lo que mereces', le advertí antes de hundirme en ella de nuevo, follándola con fuerza hasta que los dos explotamos. Cuando me corrí, lo hice hasta el fondo, llenándole el coño de leche mientras ella gritaba mi nombre. '¿Ves? Sabía que no podrías resistirte', me dijo con una sonrisa de satisfacción, limpiándose el semen que le goteaba por los muslos. 'La próxima vez, apuesto a que te haré rogar', le respondí, sabiendo que esta guerra sexual apenas comenzaba.