La cruda realidad de la pastilla negra te va a dejar sin aliento
Ella no podía creer lo que estaba pasando cuando él le mostró la verdad sin filtros, con cada palabra golpeando más fuerte que un azote en el culo. La polla del tipo era enorme, palpitando frente a su coño ya mojado, y no pudo evitar gemir cuando él la empujó contra la pared, levantándole la falda para meterle los dedos hasta el fondo. Sus tetas rebotaban con cada embestida, los pezones duros como piedras, mientras él le mordía el cuello y le susurraba obscenidades al oído. La puta no aguantó más y se corrió en su mano, gritando como una loca, pero él no se detuvo, sacó la polla y la empotró contra el sofá, follándola tan duro que el sofá crujía con cada movimiento. El sonido de sus cuerpos chocando era música para sus oídos, y cuando él se vino dentro de ella, llenándola por completo, supo que nunca volvería a ser la misma. El semen goteaba por sus muslos, mezclándose con su propia humedad, mientras él le daba una palmada en el culo y le decía que esa era la realidad que tanto temía.