Bailarina se empala con verga dura en el antro
La morena de curvas explosivas llevaba meses robándole miradas al tipo del fondo mientras se contoneaba al ritmo de los viejos éxitos tropicales, ese culo prieto apretando el tanga de lentejuelas cada vez que saltaba al escenario. Él no pudo más cuando la vio inclinarse hacia adelante, los pechos rebotando libres bajo la luz de neón, y le lanzó un trago directo al escote antes de agarrarla por la cintura con esa sonrisa pícara que le nubló la razón. Sin decir ni pío, la arrastró entre los cuerpos sudorosos hasta el camerino trasero, donde el aire olía a cerveza derramada y a sexo reprimido. Ella ni se inmutó cuando la empujó contra el espejo roto y le bajó el cierre del pantalón con dedos ansiosos, sacando esa verga gruesa y palpitante que ya goteaba por la punta. La bailarina se mordió el labio al sentirla rozarle el coño empapado a través de la tela, pero no aguantó más y se agachó de espaldas, ofreciéndole el culo bien marcado para que la llenara sin piedad. Él no necesitó más invitación: la agarró por las caderas y se la clavó de un solo empellón, escuchando los gemidos ahogados que se le escapaban mientras la embestía contra el mueble lleno de maquillaje y preservativos usados. Cada embestida le sacaba más fluidos, su coño chorreando por los muslos mientras él la azotaba con fuerza, el sonido de piel contra piel ahogando la música de fondo. Ella no paraba de maldecir entre susurros, su voz ronca de tanto gritar, mientras las uñas le arañaban el espejo y los pies se le levantaban del suelo con cada envite brutal. Él sintió cómo se le tensaban los huevos antes de soltarle un chorro caliente y espeso que le inundó las paredes del culo, haciendo que ella se corriera con un espasmo que la dejó temblando entre sus brazos. Cuando por fin la soltó, la bailarina quedó ahí, jadeante y con las medias rotas, el maquillaje corrido y el coño aún goteando por la corrida intensa que le dejó las piernas como gelatina.