Vecina culona me invita a follarla en la ducha
El vapor empañaba los azulejos y tu respiración se aceleraba al verla desnudarse frente a ti, sus curvas brillantes bajo la ducha, ese culo perfecto que te había estado provocando toda la semana con miradas robadas y roces 'accidentales' en el pasillo. Adellas Rangel, tu vecina de siempre, tampoco aguantaba más: te agarró de la polla con la mano mojada y te empujó contra la pared, gimiendo cuando la punta rozó su entrada. Sentías cómo su coño se ajustaba a cada centímetro, cómo sus uñas se clavaban en tu espalda mientras te movías más fuerte, más rápido, hasta que el agua de la ducha se mezclaba con sus jugos. Sus gemidos se volvían más agudos, su culo rebotando contra tus caderas, y cuando por fin te la metiste entera de golpe, gritó tu nombre como si fuera un maldito mantra. Te corristes justo cuando ella se arqueó, y el calor de tu corrida le bajó por los muslos mientras sus piernas temblaban. Al salir, solo la viste sonreír con esa mirada de 'lo sabía' mientras el agua lavaba todo menos la tensión que seguía ahí, flotando entre ustedes.