Kylie le enseña a Jeff Lacy quién manda en la cama
Esa tarde en mi habitación, todo empezó como un desafío: Jeff dijo que no aguantaría mis ganas de gemir, pero no sabía que mi garganta podía tragarlo entero sin atragantarme. El muy cabrón sacó su polla dura y me la empujó hasta las amígdalas, sintiendo cómo mis labios mojados la envuelven, mi saliva goteando por sus pelotas mientras me ahogaba en su verga. Me reí en mi mente, pensando que en más de 10 minutos lo tendría jadeando, pero ese hijo de puta se agarró de mi pelo y empezó a follarme la boca como si fuera un maldito taladro, metiéndola hasta que mis ojos se llenaron de lágrimas. Gemí con la polla en la garganta, sintiendo cada vena rozar mi paladar, y entonces metió dos dedos en mi coño, moviéndolos como si supiera exactamente cómo hacerlo arder. Me retorcí, pero no le di el gusto de suplicar, aunque mi concha ya chorreaba por su estocada. Cuando me empotró contra la cama, con mi culo en el aire, no pensé en nada más que en que me lo metiera más profundo, más rápido, hasta que mis gritos llenaron la habitación. Pero él no se corrió, solo me dio vuelta, me abofeteó las tetas y me ordenó que me tragara su leche. Lo hice, mirándolo a los ojos, sabiendo que había ganado, porque aunque su polla era gigante, mi coño siempre gana al final.