La nena se pone muy caliente y quiere que se la metan en el culo
Lucía se retorcía en la cama, las bragas ya mojadas de tanto rozarse contra la tela, gimiendo bajito mientras se imaginaba que alguien la dominaba por completo. Con los ojos cerrados, metió los dedos donde más ardía, sintiendo cómo su agujero se abría con cada empujón, pero no era suficiente: quería sentir una polla gruesa rompiéndola de una vez. Se paró frente al espejo, viendo cómo sus tetas rebotaban al ritmo de sus gemidos, y entonces entró él, mirándola con esa sonrisa de superioridad que tanto la excitaba. 'Pídemelo', dijo, y Lucía se mordió el labio, sintiendo cómo su voz temblaba. 'Por favor, cógeme el culo... quiero que me lo llenes entero.' Él se rio, acercándose, y le dio una nalgada que la hizo saltar. 'Si quieres mi verga, vas a tener que ganártelo', murmuró, agarrándole el pelo y tirando de ella hacia abajo, hacia su pantalón ya abierto. Lucía obedeció, chupando con desesperación, sintiendo cómo la saliva le caía por la barbilla, pero él no cedía. 'Mírame', ordenó, y cuando sus ojos se encontraron, supo que estaba a punto de perder el control. De un tirón, la puso de rodillas en el colchón, abriéndole las nalgas para ver cómo su agujero se cerraba y abría, anhelante. 'No aguanto más', gimió ella, arqueando la espalda, y eso fue lo único que necesitó él para embestirla hasta que las caderas chocaron contra su culo. Lucía gritó, sintiendo cómo cada centímetro la quemaba, pero no quería que parara. 'Métela más duro, hazme tuya', suplicó, y él obedeció, dándole con fuerza hasta que el placer le nubló la vista. Cuando finalmente se corrió, derramando todo adentro, ella temblaba, pero él solo sonrió. 'Buena perra', le dijo, y Lucía supo que volvería a pedirle justo eso.