Novio obsesionado en darle más polla a su novia
Ella siempre llega con la entrepierna empapada y los labios hinchados de tanto chupársela al muy cabrón, pero hoy le va a arder el coño como nunca. Él la empuja contra el sofá y le baja el pantalón de un tirón, dejando al descubierto esa raja brillante que tanto le vuelve loco. Sin perder tiempo, se baja el pantalón y saca esa verga gruesa y venosa que la tiene más húmeda que una piscina en verano. Ella gime fuerte cuando se la clava de una sola embestida, sintiendo cómo le llena cada centímetro del coño hasta el fondo. El muy hijo de puta no para de empotrarla con fuerza, agarrándole las tetas para que no se mueva mientras le da hasta la garganta. Ella le suplica que no pare, que le dé más duro, mientras se le escapan chorritos de sus jugos por las piernas. Él le gruñe al oído que es su puta y que solo existe para que él se la folle cuando le dé la gana. Cada vez que la embiste, le hace chocar el culo contra su pelvis con un sonido húmedo que resuena en toda la sala. Ella se corre gritando su nombre, pero él no se detiene ni un segundo, sigue hasta que siente cómo se le tensa la polla y eyacula dentro de ella sin piedad. La deja tirada en el suelo, con las piernas temblorosas y el coño lleno de leche caliente, mientras se limpia el sudor de la frente con el dorso de la mano. Él todavía no está satisfecho, pero por ahora se conforma con verla ahí, rendida y con la cara roja de tanto placer. La mira con esa sonrisa de superioridad mientras ella se limpia los restos de corrida entre las piernas, sabiendo que mañana volverán a repetir este mismo juego de dominación y sumisión.