Naomi Noel necesita que le partan el culo después del trabajo
La habitación está bañada en penumbra, con el olor a sudor y lujuria flotando en el aire mientras la cama cruje bajo nuestros cuerpos. Te voy a contar cómo Naomi Noel, con ese culo de infarto que tiene, entró en mi cuarto después de un día de mierda y me miró con esos ojos que gritaban 'necesito que me rompas'. Al principio solo quería un masaje, pero cuando le metí la mano entre las piernas y sentí lo mojada que estaba, supe que esto iba a ser otra cosa. 'Quiero que me folles como si no hubiera mañana', me dijo con esa voz ronca que me pone la polla dura al instante. Y no me hice rogar: la tiré sobre la cama, le abrí las nalgas y le metí los dedos hasta que empezó a gemir como una loca. Pero lo que ninguno de los dos esperaba era lo que pasó después. Cuando le metí la polla en el coño, Naomi se arqueó como si le hubieran dado un calambre, porque resultó que tenía un punto G que ni ella sabía que existía. '¡Ahí, ahí, no pares!', gritaba mientras le clavaba la verga hasta hacerle tocar el cuello del útero. Pero el verdadero descubrimiento fue cuando le di la vuelta y le metí la polla en el culo: Naomi se corrió tan fuerte que casi me saca los ojos con sus uñas. 'Nunca me habían roto el culo así', confesó entre jadeos, y yo solo pude sonreír mientras le llenaba el agujero con mi leche. La próxima vez pienso atarla a la cama y ver cuánto puede aguantar.