La peluda entrepierna de Sahara es devorada por Ruby
Sahara llegó al antro con ese coño peludo asomando bajo un short ajustado, las tetas naturales moviéndose libres bajo una camiseta transparente que no dejaba nada a la imaginación. Ruby, con su cuerpo curvilíneo y ese culo marcado por un tatuaje tribal en la nalga izquierda, no pudo resistirse y la empujó contra la pared del calabozo improvisado, donde el aire olía a sexo y lubricante barato. Sin perder tiempo, le bajó el short de un tirón y se lanzó a lamerle el coño empapado, sintiendo cómo la humedad le mojaba los labios mientras sus gemidos llenaban el lugar. Sahara, con las uñas clavadas en los hombros de Ruby, arqueó la espalda y le exigió más, sintiendo cómo la lengua experta de su amante le arrancaba espasmos de placer antes de meterle dos dedos gruesos que la hicieron gritar sin pudor. Ruby, lejos de ser sumisa como parecía, le agarró las nalgas bien abiertas y le enterró la cara entre las piernas, chupando el clítoris hinchado con una avidez que dejaba claro quién mandaba en esa escena. Sahara, con las medias rotas y el aliento entrecortado, intentó zafarse pero solo logró que Ruby la inmovilizara con más fuerza, lamiéndole el coño hasta dejarla temblando. Entre jadeos y maldiciones, Ruby sacó un consolador grueso y se lo clavó sin piedad, empotrándoselo hasta el fondo mientras le susurraba al oído que era su putita favorita. Los gritos de Sahara resonaron en el calabozo cuando el orgasmo la sacudió de pies a cabeza, dejando sus muslos temblorosos y el coño chorreando leche de sus propias paredes. Ruby no se detuvo ahí: le dio la vuelta, le mojó el culo con saliva y se lo empaló con el mismo dildo, haciendo que la morena se corriera de nuevo con un aullido que casi rompe los tímpanos. Al final, las dos quedaron tiradas en el suelo, sudorosas y exhaustas, con el coño de Sahara todavía goteando y Ruby limpiándose los restos de corrida de los labios con una sonrisa de satisfacción.