Helena Locke domina a su compañera de oficina con un arnés y un culazo de infarto
Imagino sus tetas rebotando mientras me agarraba fuerte de las caderas, la polla de plástico enterrándose hasta el cuello del útero con cada embestida. Helena Locke había estado lanzándome miradas de sobra durante semanas, rozándose contra mí en el ascensor, dejando que sus dedos se deslizaran "accidentalmente" por mi muslo bajo la mesa. Hoy no hubo accidentes: ella quería esto tanto como yo, y cuando me arrastró al almacén, supe que sería brutal. Su coño ya estaba empapado antes de que le quitara los tacones, gimiendo como una perra en celo cada vez que le mordía el lóbulo de la oreja mientras le metía el arnés. Sus uñas se clavaban en mi espalda mientras me montaba, el sonido de nuestros cuerpos chocando ahogado por sus gritos. No hubo delicadezas: la empotré contra la estantería hasta que su culo quedó marcado por mi agarre, y cuando le ordené que se arrodillara, obedeció al instante, chupándome como si fuera la última polla del planeta. El orgasmo le llegó tan fuerte que casi se derrumba, pero yo no la dejé caer, sosteniéndola contra mí mientras se corría, sintiendo cómo su coño se apretaba alrededor del arnés como si quisiera tragárselo. Ahora, mientras se lamía los labios con esa sonrisa de puta satisfecha, sé que esto no se acaba aquí: mañana seguirá mirándome igual, y yo estaré listo para hacerla gemir otra vez.