Vivienne Vo se moja entera mientras la empotro en perrito
El olor a coño fresco me volvió loco desde el primer segundo, y cuando vi a Vivienne Vo arrodillada frente a mí, con ese culo prieto y pequeño temblando de expectativa, supe que no aguantaría mucho. Le metí la polla de una sola estocada, sintiendo cómo su carne apretada me envolvía hasta las pelotas, y ella ahogó un gemido, mordiendo la almohada para no gritar. Cada embestida hacía que su cuerpo rebotara, los pechos menudos saltando con cada impacto, y el sonido húmedo de mi verga entrando y saliendo de su chocho mojado me ponía más duro. Escuché pasos en el pasillo y me detuve un segundo, pero ella me miró con esos ojos suplicantes y movió el culo hacia atrás, pidiendo más. Le agarré las caderas con fuerza y aceleré, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de mi polla, hasta que de repente empezó a chorrar, el líquido caliente salpicando mis muslos y el colchón. Ella temblaba, los dedos clavados en las sábanas, y yo no pude aguantar más: me corrí dentro de ella, llenándola entera mientras los dos conteníamos los gemidos, temiendo que alguien nos descubriera. Cuando salí, su coño seguía goteando, y ella se dejó caer boca abajo, jadeando, con la cara roja y el cuerpo cubierto de sudor. Afuera, se cerró una puerta de golpe, y ambos nos quedamos quietos, escuchando, hasta que el silencio volvió a reinar.