Esta morenaza chupa la verga gruesa de su mejor amigo con sed
Desde que la conoció en el colegio, él siempre supo que esa boca de labios carnosos terminaría en su polla. Hoy por fin la tiene entre sus brazos, desnudos y pegajosos por el calor de la habitación, mientras ella se arrodilla lenta frente a él con los ojos brillando de lujuria. La punta gruesa de su verga ya está húmeda por el pre-semen que escurre sin control, y él no aguanta más: agarra su cabeza con las dos manos y la empuja contra el tronco duro, escuchando cómo ella jadea al sentirlo rozarle la garganta. La morenaza abre bien la boca y deja que la enorme polla se hunda hasta la base, sintiendo cómo le revienta los labios y le hace lagrimear los ojos, pero no se detiene, chupando con avidez mientras sus tetas pequeñas se balancean libres. Los gemidos ahogados salen de su boca llena, mezclados con los sonidos húmedos de cada embestida que le mete hasta el fondo, como si quisiera tragarse toda su verga de una sola vez. Él gruñe y le agarra el pelo con más fuerza, empotrando sin piedad hasta que ella tose y se le escapa un hilo de babas que cae sobre sus muslos. La morenaza no se queja, al contrario, se le nota el coño empapado mientras se masturba con los dedos, imaginando cómo esa verga le va a partir el culo después de dejarla bien mojada. Él siente cómo los huevos le tiran y acelera el ritmo, metiéndosela hasta la garganta una y otra vez hasta que por fin siente el primer chorro caliente que le golpea la campanilla y le llena la boca sin piedad. Ella traga como una posesa, sintiendo el sabor salado y espeso deslizándose por su garganta mientras sigue chupando sin parar, como si no quisiera perderse ni una gota de su corrida. Cuando por fin se separan, él respira con dificultad y ella se limpia los labios con la mano, sonriendo mientras se le ve el maquillaje corrido y los ojos vidriosos por el placer. Él no pierde tiempo y la levanta en vilo, tirándola sobre la cama para clavársela de una sola vez, sintiendo cómo el coño estrecho le abraza la verga como un guante mientras ella grita de puro éxtasis. La cama cruje con cada embestida brutal, el sonido de los cuerpos chocando resuena en la habitación y los fluidos resbalan por sus muslos, dejando un rastro pegajoso que huele a sexo barato y a sudor. Él le clava los dedos en las caderas y le levanta el culo para hundirse más hondo, haciéndola gemir como una puta en celo mientras le pide que no pare, que la folle más fuerte hasta que los dos se corran otra vez. Cuando ella siente el segundo orgasmo acercarse, se agarra a las sábanas con los puños cerrados y se corre gritando su nombre, con el coño palpitando alrededor de la verga que la está dejando exhausta. Él no aguanta más y se vacía dentro de ella con un rugido, sintiendo cómo se le escapa todo el semen caliente mientras sus cuerpos se estremecen al unísono, pegajosos y jadeantes bajo el ventilador que apenas refresca el aire cargado de sexo.