Hermana de mi novia practica montar verga gruesa
La muy cabrona se moría por probar cómo se siente una polla bien dura dentro de su coño mojado, así que cuando su hermana se fue de viaje, no perdió ni un segundo: se plantó en la casa con un tanga negro que apenas le tapaba el culo redondo y una mirada que pedía guerra. En cuanto él la vio aparecer con esa sonrisa pícara y los pezones duros marcándose bajo la camiseta ajustada, supo que iba a ser una noche de esas que se recuerdan. Sin pensarlo dos veces, ella se tiró encima de él en el sofá, le arrancó los pantalones y se clavó su verga gruesa hasta el fondo, gimiendo como una puta en celo mientras sus tetas pequeñas rebotaban al ritmo de sus embestidas brutales. El cabrón no pudo resistirse y la agarró de las caderas para empotrarla más fuerte, sintiendo cómo su coño chorreante le apretaba la polla con cada movimiento. Ella no paraba de gritar que le diera más, que le llenara el culo y el coño a la vez, mientras se retorcía de placer con los ojos vidriosos. Él, sin piedad, le dio la vuelta para ponerla a cuatro patas en el suelo, le abrió el culo con las manos y se la metió por detrás sin avisar, escuchando cómo su gemido se convertía en un aullido de éxtasis. La sala se llenó del sonido de carne chocando contra carne, de suspiros entrecortados y de los jugos escurriéndose por sus muslos mientras él le metía la polla hasta la garganta, haciéndola toser y babear como una zorra en celo. No pasó ni media hora antes de que ella se corriera como una loca, empapando su verga con un chorro caliente que le recorrió toda la entrepierna, pero él no aflojó ni un segundo: siguió dándole duro, saboreando cómo su cuerpo se sacudía con cada embestida hasta que por fin, con un gruñido animal, le soltó toda su leche dentro, llenándole el coño hasta que se le salía por las piernas. Cuando por fin se desplomaron exhaustos en el suelo, ella no pudo evitar reírse mientras le limpiaba con la lengua los restos de corrida de su verga flácida, pero él ya estaba listo para empezar de nuevo. Porque una vez que pruebas un coño como el suyo, no hay quien te quite las ganas de follarlo otra vez... y otra... y otra.