Deudora morena se deja pagar la deuda con sexo
La morena de tetas pequeñas no paraba de morderse el labio mientras le veía acercarse con sus bóxers ajustados y esa verga marcándose sin pudor... Él no dijo ni una palabra, solo le tendió la mano con los billetes bien doblados y le soltó un '¿lo prefieres así o prefieres que te folle hasta que te olvides de la deuda?'. Ella no dudó ni dos segundos: dejó caer el vestido al suelo y se quitó el tanga de un tirón dejando al aire un coño depilado y brillante que ya olía a mojada. Él se abalanzó sobre sus tetas duras mientras ella le agarraba el pelo y le metía la polla en la boca sin piedad, chupándosela como si le fuera la vida en ello mientras él le apretaba el culo con las dos manos y la empujaba contra la pared. La morena gemía con los ojos vidriosos, sintiendo cómo esa verga gruesa le rozaba la garganta cada vez que se la clavaba hasta el fondo, y cuando por fin se la sacó para girarla y empotrarla contra el sofá, ella abrió las piernas de par en par ofreciéndole un coño que chorreaba sin control. Las embestidas eran brutales, el sonido de la carne contra la carne llenaba la habitación mientras él le azotaba el culo con cada empujón, dejándole marcas rojas en la piel. Ella gritaba cada vez que la polla le llegaba hasta el útero, pidiendo más fuerte, más rápido, más profundo, hasta que por fin sus piernas empezaron a temblar y un orgasmo la recorrió de pies a cabeza mientras él le llenaba el vientre con su leche caliente. Cuando terminaron, ella se quedó tirada en el sofá con la respiración entrecortada y una sonrisa de oreja a oreja, mientras él se guardaba los billetes y le susurraba al oído que la próxima vez le cobraría en especie.