Esposa indi con culo de leche bien empotrado
La morena traía días mostrando ese culazo redondo y prieto por encima del sari, dejando caer miradas mientras se agachaba a tender la ropa... La tenía más tiesa que un palo al verla arquear esa espalda lechosa y ese culo que le pedía a gritos que la partiera en dos. Sin pensarlo dos veces le arrancó el tanga de un tirón y le clavó la verga dura como roca entre sus nalgas bien apretadas, sintiendo cómo el coño ya chorreaba babas de lo caliente que estaba. Ella soltó un gemido ahogado mientras él la empujaba contra la pared, embistiéndola con fuerza bruta para que ese culo blanco se le moviera al ritmo de cada empujón. Los pliegues de su sexo húmedo se le enredaban en la polla cada vez que la sacaba, dejando un hilo de miel que le caía por los muslos mientras él gruñía como animal. Con una mano le sujetó el pelo y con la otra le palmeó la nalga izquierda, haciendo que la morena chillara de placer y le pidiera más. La empaló hasta el fondo, sintiendo cómo el coño se le contraía alrededor de su verga al borde del orgasmo, y entonces le soltó el pelo para agarrarle las caderas y clavársela hasta dejarla sin aire. Los gritos se le volvieron desgarrados cuando la primera ola de placer le recorrió el cuerpo, mojándole la espalda de sudor y ese pecho que se le agitaba como un animal enjaulado. Él no se detuvo ni un segundo, siguiendo con embestidas profundas hasta que ella se corrió otra vez, esta vez con la cara contra la almohada para no despertar a los niños de al lado. La leche le resbaló por las piernas mientras él le seguía metiendo la polla, jadeando como bestia y sintiendo cómo el coño le ordeñaba hasta dejarlo seco... aunque en segundos ya estaba otra vez tieso, listo para volver a empalmarla hasta que no pudiera caminar.