Bryan Gozzling la domina con una mamada húmeda y follada salvaje
La oficina está a oscuras, solo el parpadeo de las luces de la ciudad filtra por las persianas entreabiertas, y tú sabes que en cualquier momento podría entrar el jefe o algún compañero de trabajo, pero no puedes resistirte a la idea de que Sky Pierce, con su boca perfecta y sus ojos llenos de lujuria, te agarre la polla y empiece a chuparte con esa ansia descontrolada que hace que el traje se te quede pegado al cuerpo. Sientes cómo sus labios carnosos envuelven tu verga hasta las pelotas, su lengua caliente juega con el glande mientras sus manos aprietan tus muslos, ahogando tus gemidos contra su garganta cuando te la metes hasta el fondo, escuchando el ruido húmedo de su saliva mezclada con el sonido de tus caderas chocando contra su cara. Las paredes del cubículo tiemblan con cada embestida, y ella no se calla, gime tan fuerte que tienes que taparle la boca con la mano, sintiendo cómo se estremece cuando tus dedos rozan su coño mojado, ya resbaladizo de tanto excitación. La levantas sobre el escritorio, le abres las piernas y hundes tus dedos en su ranura, sintiendo cómo se aprieta alrededor de ellos, jadeando en voz baja mientras te mira con esa mirada de puta sometida, pidiéndote a gritos que le metas la polla tan duro que el teclado salga volando. No pierdes tiempo, te la clavas de una estocada, sintiendo cómo su carne ajustada te envuelve, y ella arquea la espalda, mordiéndose el labio para no gritar, pero el sonido de sus caderas golpeando contra el escritorio es imposible de ocultar. Las gotas de sudor caen sobre su piel cuando acelaras el ritmo, sus tetas rebotan con cada embestida, y sabes que en menos de 10 minutos de escena terminarás reventándole la boca con una corrida espesa, pero antes te inclinas para chuparle los pezones, mordisqueando uno mientras con la otra mano le metes dos dedos en el culo, haciendo que tiemble y gotee aún más, su coño chorreando como una cascada. Ella no aguanta más, te agarra el pelo y te empuja la cara contra su sexo, follándote la boca con su chocho húmedo mientras tú le comes el clítoris como un animal, sintiendo cómo se corre en tu lengua, pero no le das tregua, la volteas y le metes la polla en el culo sin aviso, escuchando cómo grita ahogadamente, su cuerpo temblando mientras te corres dentro de ella, dejando tu leche espesa resbalando por sus muslos. Cuando terminan, solo queda su zapato de tacón alto caído en el suelo, junto a un charco de saliva y semen.