Ariel Demure y su compañera de cuarto te muestran cómo probar los límites de la cama
—¿Vas a dejar que te folle como él nunca pudo?— susurró Ariel Demure mientras te agarraba de la cintura y te empujaba contra el colchón. Sentías cómo sus uñas se clavaban en tu piel mientras te arrancaba la ropa, dejando al descubierto su cuerpo perfecto, sus curvas que te volvían loco. Su coño ya estaba mojado, brillante, y ella no perdió tiempo en montarte, cabalgándote con furia mientras sus tetas rebotaban frente a tu cara. Te la chupaba los pezones, mordiéndolos con fuerza, y gemías cada vez que su culo apretado se apretaba alrededor de tu polla. Sabías que esto era venganza, que ella solo te usaba para olvidar a ese otro tipo, pero no te importaba. La agarrabas de las caderas y la empotrabas contra el colchón, sintiendo cómo su coño se contraía con cada embestida. —Dame más duro, cabrón— te exigía, y tú obedecías, clavándosela hasta que las caderas chocaban con fuerza. Su respiración se aceleraba, los gemidos se volvían más altos, y cuando por fin te corrías dentro de ella, Ariel gritó tu nombre como si fuera el de él, pero esta vez era tu leche la que la llenaba. —Así se hace, putita— le susurraste al oído, sabiendo que habías ganado la batalla.