Rubia cachonda se corre con leche en la bañera
Nada más llegar a casa de su amante, Brianna se quitó el vestido pegajoso de sudor y se metió en la bañera llena de agua humeante sin pensarlo dos veces. El vapor le enredaba los mechones rubios en las tetas pesadas que rebotaban con cada movimiento mientras su novio Keith se desnudaba con urgencia, dejando caer los pantalones al suelo y mostrando esa polla gruesa y morada que ya le baboseaba la punta. Sin perder tiempo, ella abrió las piernas bien separadas sobre el mármol frío del borde, dejando que el agua caliente le mojara el coño depilado y brillante, listo para ser empalado. Keith no pudo resistirse: se acercó de rodillas detrás de ella, agarró sus caderas con fuerza y le clavó la verga hasta el fondo sin aviso, arrancándole un gemido gutural que resonó en el baño mientras el agua salpicaba contra las paredes. Brianna apretó los puños contra el suelo resbaladizo, sintiendo cómo cada embestida le abría las carnes con un sonido húmedo que se mezclaba con los gruñidos de él, que no paraba de maldecir entre dientes mientras le llenaba el culo de golpes profundos. Cuando ella arqueó la espalda y empezó a chuparse dos dedos para frotarse el clítoris hinchado, Keith no aguantó más: sacó la polla empapada de sus jugos y se corrió sobre sus nalgas redondas, dejando chorros gruesos de leche blanca resbalando por su piel enrojecida. La rubia, aún jadeando, se giró para limpiarle los restos con la lengua, lamiendo cada gota mientras sus tetas le rozaban la cara con cada movimiento, hasta que ambos quedaron exhaustos, sudados y satisfechos sobre el suelo mojado de la bañera.