Mi profe de mates me empotró el coño negro caliente
Llevaba meses soñando con ese culo prieto y esos labios gruesos que se marcaban bajo la falda ajustada, pero hoy por fin la tenía en mi casa, temblando de lujuria mientras le enseñaba los ejercicios de matemáticas... La muy zorra ni siquiera protestó cuando le solté que se quitara la ropa interior, solo se lamió los labios y me susurró al oído que llevaba semanas imaginando mi verga dentro de ese coño negro y resbaladizo. En cuanto la empujé contra la pared del salón, sus tetas naturales y pesadas se balancearon al ritmo de mis embestidas, y sus pezones duros raspaban el yeso cada vez que la empalaba con más fuerza. Ella gemía como una perra en celo, rogándome que le llenara el culo mientras sus uñas se clavaban en mis hombros, dejando marcas rojas que me excitaban aún más. Cambié a misionero para ver cómo su piel oscura brillaba bajo el sudor, sus muslos apretándome la cintura mientras su coño negro chorreaba jugos por cada empellón profundo que le clavaba hasta el fondo. Noté cómo su clítoris hinchado se frotaba contra mi pelvis con cada movimiento, haciéndola gritar obscenidades entrecortadas mientras su orgasmo la sacudía entera. Cuando por fin le solté la carga dentro de su matriz, sentí cómo su coño se contraía alrededor de mi verga, ordeñándome hasta dejarme seco, mientras ella se corría otra vez, esta vez mojando por completo el sofá de su casa. La muy puta ni siquiera esperó a que terminara de correrme para arrastrarme de nuevo a la cama, donde me hizo chuparle los pechos mientras me montaba como una amazona salvaje, su culo negro rebotando sobre mis caderas con un sonido húmedo y obsceno que me volvió loco. Al final, exhaustos y sudorosos, nos quedamos tirados en el suelo, con sus tetas aplastadas contra mi pecho y su aliento todavía entrecortado por los gemidos que no paraban de escapar de su garganta. Ni en mis mejores fantasías matemáticas me había imaginado que follar con una milf negra me fuera a dejar tan satisfecho... y tan jodidamente agotado.