La esposa cachonda se empaló en el amigo del marido
La vecina llevaba semanas restregándose contra la pared de la cocina cada vez que él pasaba con esa camisa mojada pegada al cuerpo... Hoy no pudo más, se desnudó frente al marido cornudo y se lanzó sobre la polla ajena sin pensarlo dos veces. El tipo, con ese rabo grueso que le colgaba entre las piernas, no lo dudó ni un segundo: la agarró de las caderas y la empotró contra el capó del coche sin importarle quién pudiera verlos. Ella, con el coño ya chorreando y los pezones duros como piedras, gemía como una puta desesperada mientras se bajaba una y otra vez sobre esa verga que la partía en dos. El marido cornudo, con la boca abierta y la polla flácida en la mano, no podía creer lo que veía: su esposa, esa morena de pelo largo y curvas de infarto, usando su cuerpo como un juguete para ese macho que le metía hasta las pelotas. Las embestidas eran tan brutales que el culo de la morena se movía al ritmo de cada golpe, la humedad de su sexo empapando el asiento del carro mientras los gritos de placer llenaban el estacionamiento vacío. El tipo, sudando como un animal, le clavaba los dedos en la carne de las nalgas mientras ella, con los ojos en blanco, se corría gritando su nombre entre jadeos entrecortados. El marido, con la cara desencajada, solo atinaba a masturbarse mientras veía cómo su esposa se dejaba llenar por completo, con las piernas temblorosas y el coño palpitando alrededor de esa polla ajena que la dominaba sin piedad. El final llegó cuando ella, con un último espasmo, se dejó caer sobre el capó sudoroso, con las piernas abiertas y el semen escurriéndose por el interior de los muslos, mientras el tipo se corría dentro de ella con un gruñido animal que resonó en todo el lugar.