Lluvia gorda moja a mi profesora negra mientras le meto el rabo
La tormenta había dejado todo empapado y ella llegó con esos pantalones mojados pegados al culo que no dejaban nada a la imaginación, así que no pude resistirme. Llevaba semanas soñando con ese par de tetas naturales que se le movían cada vez que se inclinaba sobre el pizarrón. Cuando la vi con la blusa transparentada por la lluvia supe que no aguantaría ni un minuto más sin hundirle la polla hasta la garganta. Me acerqué sin pensarlo y le agarré fuerte de la cadera mientras le susurraba al oído que ese coño negro y depilado me tenía loco desde el primer día. Ella no se hizo rogar, se agarró al borde del sofá y abrió las piernas de par en par con un gemido que me volvió loco. La empujé contra el respaldo y le arranqué la tanga de un tirón antes de clavarle la verga hasta el fondo en posición de perrito, sintiendo cómo su coño cremoso se estremecía con cada embestida. Los moretones en sus caderas quedaron marcados por mis dedos mientras le llenaba el culo de azotes, y cada nalgada hacía que su coño se contrajera más alrededor de mi miembro. Le chupé los pezones negros como el carbón mientras le metía dos dedos en la boca para que los mordiera mientras yo le vaciaba los huevos dentro con todas mis fuerzas. La lluvia seguía cayendo fuera, pero dentro solo se escuchaban nuestros jadeos ahogados, los sonidos húmedos de carne contra carne y el chapoteo de su coño cada vez que la empotraba hasta el fondo. Cuando por fin me corrí dentro de ella, sentí cómo su cuerpo se sacudía en un orgasmo brutal que le hizo soltar un grito ronco y desgarrado mientras se le escapaba toda la leche por las piernas. Dejé su cuerpo tembloroso sobre el sofá, con la polla todavía goteando jugos de su coño negro y satisfecho, mientras afuera la lluvia seguía limpiando las huellas de nuestro pecado.