Latina tetona devorando una verga gruesa
Te voy a contar cómo fue la primera vez que me encontré con ese tipo de polla gruesa que te hace perder la cabeza. Lo había visto días antes en el gimnasio, sudando con esos músculos marcados y esa mirada que prometía follarte hasta dejarte sin aliento. Cada vez que pasábamos cerca, me moría por sentir cómo esa verga dura se deslizaba entre mis labios, pero me hacía la tímida, aunque por dentro ardía de ganas. Hasta que un día, en su apartamento, ya no aguanté más: me arrodillé frente a él, le bajé el pantalón y vi esa polla negra, gruesa y venosa que me hizo mojarme al instante. La tomé con las dos manos, sintiendo su calor y su peso, antes de meterla entera en mi boca, chupando con fuerza mientras él gemía y me agarraba el pelo. No podía creer lo grande que era, cómo llenaba mi garganta y me hacía ahogarme de placer, pero no paré hasta que sentí sus huevos tensos y supe que iba a correrse. Cuando lo hizo, me llenó la boca con su leche espesa, y yo la tragué toda, limpiando cada gota de su verga con mi lengua. La próxima vez, te juro que no me conformaré con chuparla: quiero que me empotre contra la pared hasta que grite tu nombre.