Polla gigante entra por primera vez en coño virgen
Desde el primer día que la vio en el parque con ese vestido ajustado que le marcaba cada curva, supo que esa morena de ojos verdes no podía escapar de sus ganas. La chica, recién cumplidos los dieciocho, temblaba mientras él le bajaba las bragas de encaje y le lamía el coño bien empapado, chupando cada pliegue con avidez hasta que la muy puta se arqueó gritando su nombre. Con las tetas rebotando al ritmo de sus embestidas brutales, la empotró contra la pared del baño, sintiendo cómo su polla enorme rasgaba su virginidad sin piedad mientras ella gemía con la boca medio abierta y los dedos clavados en sus muslos. El sonido de sus cuerpos chocando llenaba el cuarto, mezclado con los gritos ahogados de la chica que cada vez que la polla entraba hasta el fondo, soltaba un quejido que le ponía la piel de gallina. No pasó ni cinco minutos antes de que ella sintiera el primer chorro de leche caliente inundándole el coño, pero él no se conformó con una sola corrida: siguió follándosela con saña hasta que las paredes vaginales quedaron cubiertas de semen espeso y baboso, resbaladizo entre sus muslos. La pobrecilla no pudo evitar correrse otra vez cuando él le agarró el culo con fuerza y la levantó como una muñeca, empalándola desde abajo mientras le mordisqueaba el cuello hasta dejarle marcas. Cuando por fin se dejó caer sobre la cama, exhausta y con las piernas temblorosas, él le escupió en el coño y se corrió de nuevo, esta vez directamente sobre su vientre, dejando un rastro blanco y pegajoso que ella no se molestó en limpiar. La escena terminó con la chica jadeando, los labios hinchados y el coño tan lleno que al caminar goteaba semen por sus muslos, mientras él se reía satisfecho sabiendo que esa noche nadie más se atrevería a tocarla.