El tipo del interior de São Paulo me dio duro y me lo comí sin piedad
El calor era insoportable cuando lo vi llegar con esa polla bien gorda y dura, ya sabía que no iba a poder resistirme. Me arrodillé frente a él sin pensarlo dos veces, agarrando su verga con ambas manos mientras mi boca se llenaba de saliva, lista para chupársela como una puta hambrienta. Él gruñó fuerte cuando empecé a mover mi lengua por su tronco, lamiendo cada centímetro de su piel caliente y sudorosa. Mis labios apretados alrededor de su glande lo volvían loco, y sus gemidos resonaban en toda la habitación mientras yo tragaba su polla hasta el fondo, sintiendo cómo se hinchaba más con cada embestida. Sus manos agarraron mi cabeza con fuerza, empujándome más adentro mientras yo me ahogaba en su verga, pero no me importaba, solo quería sentirlo correrse en mi garganta. El tipo no aguantó mucho más y, con un grito ahogado, me llenó la boca con su leche espesa, que tragué sin perder ni una gota. Me levanté con los labios brillantes, satisfecha de haberlo dejado seco, pero él no se quedó atrás y me empotró contra la pared, metiéndome los dedos en el culo mientras me mordía el cuello. Fue una follada rápida pero intensa, llena de gemidos y sudor, hasta que los dos nos corrimos juntos, exhaustos pero felices.