Todos los culos llenos en la fiesta de la piscina
Los cuerpos sudorosos y resbaladizos se apretujaban contra los bordes de la piscina mientras él, un chavalote de pelo revuelto y sonrisa pícara, no podía quitarle los ojos de encima a cada verga que asomaba entre los trajes de baño mojados. El agua caliente hacía que las gotas resbalaran por esos cuerpos fibrosos, dejando al descubierto cada músculo tenso y cada vena palpitante bajo la piel bronceada. Uno a uno, los chicos se acercaban con las pollas ya bien tiesas, rozando contra los muslos o colgando pesadamente mientras se agarraban al borde de la piscina para no perder el equilibrio. El primero en recibir la mamada fue el más joven, un twink de culo prieto y nalgas apretadas que no pudo evitar gemir cuando la lengua ágil del otro le lamió el prepucio antes de engullirle toda la verga hasta la garganta. Las embestidas en seco no tardaron en empezar, con el chico más mayor empotrando su gruesa polla hasta el fondo del culo del pasivo, que se agarraba a sus hombros mientras los gritos ahogados se mezclaban con los chapoteos del agua. Otro de los invitados, un musculoso de espalda ancha, no pudo resistirse a meterle los dedos en el culo al twink mientras le follaba la boca sin piedad, sintiendo cómo se le contraían las nalgas alrededor de sus dedos cada vez que el chico se corría sin avisar. Las corridas no paraban: semen espeso y blanco saltaba de verga en verga, manchando los torsos, los hombros y hasta los labios de los que seguían chupando con desesperación. Uno de los más altos, con una verga descomunal que colgaba casi hasta las rodillas, se dejó caer de espaldas en el agua mientras dos chavales le lamían los huevos y le chupaban la punta con ansia, hasta que explotó en un géiser blanco que dejó a todos con las pollas más duras que nunca. La fiesta terminó cuando ya no quedó ni una gota de leche en ninguna verga, pero los cuerpos seguían pegajosos, sudados y jadeantes, con los culos bien abiertos y las bocas llenas de semen. El twink, exhausto pero feliz, se dejó caer contra el borde de la piscina con las piernas temblorosas, mientras los demás se reían y se pasaban botellas de agua para limpiarse los restos de corrida de la piel. Nadie quería irse todavía, porque la noche apenas había comenzado y esas pollas, aunque vacías, seguían siendo el centro de atención de todos los presentes.