Conejita sumisa se retuerce de risa mientras la torturan con cosquillas
Esta chiquita de piel blanca como la leche no podía aguantar ni un segundo más las cosquillas en sus piececitos descalzos, y menos cuando la dominaban con guantes de látex mientras su culito perfecto se movía sin control. La muy putita gemía y se retorcía, pero su coñito ya estaba empapado de excitación al sentir las manos frías y firmes recorriendo sus tobillos, sus plantas, sus dedos. La dominatrix no perdonaba, alternando entre los pies y los muslos, haciendo que la sumisa se sacudiera como una loca mientras su respiración se aceleraba y sus tetitas naturales rebotaban con cada espasmo. Las cosquillas subían y bajaban, desde los dedos hasta el vientre, y la muy zorra no podía evitar soltar gritos ahogados cuando le apretaban los pezones con la otra mano. Su culo se levantaba y bajaba en la camilla, y la humedad entre sus piernas era tan evidente que hasta el látex brillaba. La tortura no paraba, y cuando la sumisa ya no podía más, la dominatrix se acercó para susurrarle al oído: '¿Quieres que pare, perra?' y la muy puta solo atinó a gemir 'Nooo, sí, por favor...' mientras su cuerpo temblaba de placer y dolor mezclados. Al final, la dominatrix se rió y le dio un último pellizco en el clítoris, dejando a la sumisa temblando y jadeante, con el coño chorreando y los pies aún temblorosos.