Tres machos se empotran duro en un gang bang salvaje
Jake llegó con la respiración agitada y la polla ya dura como un mástil, pero no estaba solo: Matthew lo esperaba en el baño con las nalgas bien abiertas sobre el lavabo y Sumner se relamía los labios mientras le metía un dedo en el culo al primero sin piedad. La primera embestida fue un choque de carne sudorosa, polla contra culo, gemidos guturales que resonaban en las paredes mientras Jake le arrancaba el preservativo a Sumner y se lo metía hasta el fondo con un crujido húmedo que dejó a todos temblando. Matthew no pudo aguantar más y se dejó caer de rodillas, chupando esa verga gruesa y palpitante hasta que el glande le rozó la campanilla, tragando cada gota de pre-semen que brotaba sin control. La doble penetración llegó cuando Sumner, con las manos en las caderas de Jake, le clavó la suya hasta las pelotas mientras le lamía el cuello sudado, sintiendo cómo el cuerpo del moreno se estremecía entre sus brazos. Los tres jadeaban como animales en celo, las pieles resbaladizas por el calor y el lubricante barato que se mezclaba con el aroma a sexo crudo y desesperado. Matthew no aguantó más y se corrió en la boca de Sumner, que tragó todo sin dejar ni una gota, pero el verdadero espectáculo empezó cuando Jake, sudando como un cerdo en agosto, le empotró el culo a Matthew con tanta fuerza que las piernas del rubio se elevaron del suelo y sus gritos de dolor se volvieron gemidos de placer sucio. Sumner no se quedó atrás y, sin avisar, le metió dos dedos en el culo a Jake mientras le susurraba al oído lo puta que sonaba su voz cuando pedía más, más duro, más profundo. Las corridas llegaron como olas: primero Matthew, que se derramó dentro de Jake con un espasmo que lo dejó sin aire, luego Sumner, que se enterró hasta las pelotas y eyaculó en el culo prieto del moreno mientras le mordía el hombro hasta dejar marca. Y cuando Jake, con la espalda arqueada y los ojos en blanco, soltó un último gemido ronco antes de vaciarse entre los muslos de ambos, los tres cayeron al suelo, jadeantes, pegajosos y completamente saciados, con las camas y los cuerpos completamente empapados en semen y sudor.