Lame mi coño después del trabajo y hazme gemir como una puta
La babysitter de turno se arrodilló frente a mí con esa mirada de zorra que me vuelve loco, sus labios carnosos brillando de saliva mientras me desabrochaba el pantalón con dedos temblorosos. Su lengua caliente recorrió mi polla desde la base hasta la punta, gimiendo como una perra en celo cada vez que mis dedos se enredaban en su pelo castaño. El sonido de su boca chupando con fuerza me ponía más duro, y cuando metí dos dedos en su coño bien mojado, ella arqueó la espalda y empezó a gemir más fuerte, su cuerpo temblando de placer. La tiré sobre la mesa, le arranqué el tanga con los dientes y le clavé la polla hasta el fondo, sintiendo cómo sus paredes apretadas me apretaban como un tornillo. Cada embestida la hacía gritar más, su culo rebotando contra mis caderas mientras le mordía los pezones duros. Cuando me corrí dentro de ella, su coño se contrajo alrededor de mi polla, y ella se corrió gritando como una loca, su cuerpo convulsionando bajo el mío. Al terminar, me lamió los dedos cubiertos de su jugo, mirándome con esa sonrisa de puta satisfecha que me hizo querer follármela otra vez. Su coño seguía palpitando cuando me incliné para chuparle el clítoris hinchado, haciendo que se retorciera de placer otra vez, sus uñas clavándose en mi espalda mientras gemía sin control. Esa noche, la follé hasta que amaneció, y cada vez que me pedía más, yo le daba justo lo que necesitaba: una polla dura y una boca sucia lista para obedecer.